Vacunas sin agujas: La revolución de la vacunación a través de nuestra piel
- CCBIO
- 7 feb
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Actualizado: 10 feb
Investigadores de Stanford han transformado a la bacteria Staphylococcus epidermidis, que naturalmente vive en la piel, en una vacuna tópica sin agujas. Mediante ingeniería genética, la bacteria se modifica para exponer fragmentos de toxinas, logrando que el organismo genere una respuesta inmune protectora similar a la de las vacunas tradicionales. Este innovador método podría facilitar la vacunación de forma indolora, económica y eficaz, abriendo la puerta a nuevas estrategias contra múltiples enfermedades.

¿Te imaginas un mundo en el que, en lugar de recibir una inyección, bastara con aplicar una crema sobre la piel para vacunarte? Sin dolor, sin temores ni efectos secundarios molestos como fiebre, enrojecimiento o hinchazón, y sin tener que hacer largas filas para recibirla. Esta visión, que parece sacada de la ciencia ficción, podría estar a la vuelta de la esquina gracias a un innovador enfoque desarrollado por investigadores de la Universidad de Stanford.
De inquilino inofensivo a héroe inmunológico
La clave de esta nueva estrategia radica en una bacteria que habita en la piel de casi todas las personas: Staphylococcus epidermidis. Aunque tradicionalmente se ha considerado simplemente un inquilino accidental en nuestra epidermis, el profesor Michael Fischbach y su equipo han descubierto que esta bacteria genera una respuesta inmune sorprendentemente fuerte.
En estudios recientes, se comprobó que al exponer la piel a *S. epidermidis*, se activa la producción de anticuerpos de manera similar a como lo hace una vacuna convencional. Estos anticuerpos actúan como una especie de "fence" (o barrera) protectora, anticipándose a posibles cortes o abrasiones que pudieran permitir la entrada de microorganismos.
Ingeniería genética para una vacuna viva
El gran avance se produjo cuando los científicos lograron “convertir” a S. epidermidis en una vacuna viviente y de aplicación tópica. Utilizando técnicas de ingeniería genética, reemplazaron una parte de la proteína Aap—una estructura arbórea que sobresale del muro celular de la bacteria—por fragmentos de toxinas de patógenos como el tétanos y la difteria.
El procedimiento fue sencillo: se aplicaba la bacteria modificada en la piel de ratones mediante un suave frotado, y en cuestión de semanas los animales desarrollaban altos niveles de anticuerpos específicos contra dichas toxinas. La prueba definitiva llegó cuando, tras exponer a los ratones a dosis letales de la toxina, sólo aquellos tratados con la bacteria “vacunada” lograron mantenerse sanos, mientras que los animales que recibieron la bacteria natural no sobrevivieron.
Ventajas y perspectivas
Esta estrategia ofrece múltiples beneficios:
Aplicación indolora: Una crema o swab, sin agujas ni dolor.
Respuesta preventiva: Los anticuerpos se generan de antemano, reforzando la barrera natural de la piel ante posibles infecciones.
Posible amplio espectro: Además del tétanos y la difteria, el mismo mecanismo podría adaptarse para combatir virus, hongos, bacterias y parásitos.
Facilidad de administración: Ideal para campañas de vacunación masiva y en zonas de difícil acceso, dado su bajo costo y sencillez de aplicación.
Actualmente, los investigadores se preparan para realizar pruebas en primates. Si los resultados continúan siendo prometedores, se podría iniciar la fase clínica en humanos en tan solo dos o tres años.
Un salto hacia el futuro de la medicina
Este innovador enfoque, desarrollado con el apoyo de diversas instituciones y financiado por organismos de renombre internacional, representa un cambio de paradigma en el campo de la inmunización. La posibilidad de vacunarse de manera no invasiva no solo mejoraría la experiencia del paciente, sino que también podría ampliar el alcance de las campañas de salud pública en todo el mundo.
En CCBIO seguiremos de cerca estos avances que, sin duda, marcarán un antes y un después en la forma de proteger nuestra salud. ¡El futuro de la vacunación podría estar a solo una crema de distancia!
Tomado de: Stanford University
Fuente: Nature
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